En plena Wild Atlantic Way, en el oeste de Irlanda, escondido entre la intrincada costa y las estrechas carreteras de Connemara, el fiordo de Killary es un firme candidato a ser el lugar más sobrecogedor y con la belleza más conmovedora de todo el país. Y eso, en Irlanda, es mucho decir.
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✩ Montañas, silencio y naturaleza en estado puro.
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Las montañas se suceden por el remoto paisaje de Connemara y hermosas playas salpican su costa, pero ningún lugar es comparable con la majestuosidad del fiordo de Killary. Me mudé a Irlanda en el 2006 y en todo este tiempo nunca me había sentido tan profundamente impresionado como la primera vez que lo visité. Considerado el único fiordo verdadero del país, se adentra 16 km hacia el interior hasta llegar al pueblo de Leenaun (o Leenane), flanqueado por escarpadas montañas que brillan de un verde intenso en verano y se tiñen de tonos cobrizos en otoño e invierno.
El paisaje es tan sobrecogedor que, al principio, no supe muy bien cómo reaccionar. Poco a poco, sin embargo, una profunda sensación de calma se fue apoderando de mi mientras contemplaba el fiordo desde el puerto; supongo que lo que experimenté bien podría llamarse meditación. Aquí todo invita a bajar el ritmo. La tranquilidad del lugar no exige nada, salvo que se lo respete. Le hace sentir a uno que no hay ningún sitio mejor donde estar ni nada más urgente que decidir qué va a cenar más tarde.
Vista panorámica del fiordo de Killary, Irlanda. © Greens and Blues / Shutterstock
El fiordo desde dentro
Para explorar Connemara y llegar hasta el fiordo se necesita un coche. Está a solo 40 min de Westport (en el condado de Mayo) y de Clifden (en el condado de Galway), aunque merece la pena quedarse unos días para descubrir los muchos tesoros naturales de los alrededores. El Leenane Hotel y la encantadora Renvyle House son dos magníficas opciones para alojarse. El pueblo de Leenaun, con sus acogedores pubs y su pequeño puerto, está rodeado de montañas como Mweelrea, Devil's Mother y Maamturks, por lo que las posibilidades para hacer senderismo son innumerables. Otra opción es navegar con Killary Fjord Boat Tours, que recorre el fiordo entre bateas de mejillones y ofrece perspectivas únicas del paisaje mientras explica la geografía y la historia del lugar –vale la pena mantener los ojos bien abiertos por si aparecen delfines–. De la mano de Killary Adventure Centre se puede recorrer el fiordo en kayak o en surf de remo, o realizar actividades como tiro con arco, coasteering, descenso de barrancos, circuitos de cuerdas en altura o un recorrido de obstáculos a través de las turberas de Connemara. Al noreste del pueblo se encuentran las bonitas cascadas Aasleagh, donde, con un poco de suerte, se podrán ver salmones remontando el río u observar nutrias entre la vegetación.
Vista panorámica desde Leenane, en la cabecera de la bahía de Killary. © Pierre Leclerc / Shutterstock
Un paseo con vistas... y con historia.
Pero si solo se va a hacer una cosa durante la visita a este destino injustamente olvidado, que sea recorrer el Famine Walk (sendero de la Hambruna). Su nombre puede sonar sombrío, pero es una de las rutas más interesantes para recorrer. De 18 km, bordea la ladera de la montaña junto al fiordo, desde Bunowen hasta el embarcadero de Rosroe, y regresa por una carretera del interior, aunque mi consejo es volver por el mismo camino de la ida: el fiordo de Killary merece contemplarse dos veces, unos 7 km en cada sentido. Durante el recorrido se pasa junto a ovejas pastando y a las silenciosas ruinas del antiguo pueblo de Foher, cuyos habitantes murieron o emigraron durante la Gran Hambruna del s. xix. Todavía hoy pueden verse las onduladas huellas de los lazy beds, los surcos donde cultivaban las patatas que les permitían sobrevivir. Para llegar al inicio de la ruta, hay que aparcar el coche en la explanada de grava junto al puente Tullyconnor, en la N59, unos 6 km al oeste de Leenaun, y seguir el camino señalizado hacia Bunowen.
Es hora de equiparse con ropa impermeable y unas buenas botas de senderismo y poner rumbo a Connemara. Cuanto antes, mejor.
No te vayas sin...
Probar los famosos mejillones de Killary en algún restaurante durante el recorrido por el oeste de Connemara. Acompañados con unas patatas fritas y una Guinness, es difícil imaginar una comida mejor.
Acercarse a alguna de las preciosas playas de los alrededores. Mis favoritas son Silver Strand, al norte, y Glassilaun, al sur (ojo, el aparcamiento es limitado).
Participar en el Connemara Mountain Walking Festival, que se celebra en primavera y ofrece rutas guiadas por expertos locales para descubrir las montañas de la región.