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Esta pequeña iglesia debe figurar en la lista de las visitas obligadas para los amantes del arte. Terminada de restaurar en el 2005, se la conoce también como el panteón de Goya, pues en ella descansan los restos del pintor aragonés, trasladados aquí desde Burdeos en 1919. Pero lo realmente interesante son los frescos que la decoran, pintados por el propio Goya en 1798 por encargo de Carlos IV. Es uno de los pocos lugares donde pueden verse las obras maestras del artista en su entorno original.