Los ríos han moldeado Borneo durante miles de años, igual que han marcado la vida de su fauna y de las comunidades indígenas, que han dependido de las vías fluviales para asentarse y sobrevivir en una selva tropical antaño impenetrable. Recorrer en una embarcación tradicional las aguas verde esmeralda del lago Batang Ai y descubrir en primera persona este mundo en los límites del Parque Nacional de Batang Ai constituye una experiencia de primer orden.
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✩ Una aventura en el corazón más salvaje de Borneo.
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Estoy sentado en una embarcación tradicional contemplando un paisaje de afiladas crestas cubiertas de selva tropical, cuyos perfiles se hunden en una inmensa extensión de agua resplandeciente. El Parque Nacional de Batang Ai, situado donde el sur de Sarawak (Malasia) se funde con Kalimantan (Indonesia) en la isla de Borneo, resulta sobrecogedor, aunque este paisaje sea obra del ser humano y no de la naturaleza.
Cuando esta zona de 24 km² quedó inundada en 1985 tras la construcción de una presa hidroeléctrica, los iban –el mayor grupo indígena de Sarawak– fueron trasladados unos kilómetros al oeste, hasta Lubok Antu, la localidad donde termina la civilización y comienza un mundo salvaje dominado por el agua. Pero algunos miembros de la comunidad iban, orgullosos y resilientes, cuyos abuelos todavía cortaban las cabezas de sus enemigos como parte de sus creencias animistas, decidieron permanecer en Ulu Ai, su territorio ancestral río arriba. Solo es posible llegar a esta selva primigenia tras más de 2 h de navegación en una embarcación tradicional, serpenteando entre picos e islotes hasta las casas comunales que los iban construyeron al oeste de la entrada del Parque Nacional de Batang Ai.
Madre orangután de Borneo y su cría sentadas en un árbol en la selva tropical del Parque Nacional Tanjung Puting, en Borneo. © Sekar B / Shutterstock
En el territorio de los orangutanes
Sus únicos vecinos viven en las copas de los árboles. El parque y el contiguo Santuario de Vida Silvestre de Lanjak-Entimau abarcan en conjunto 217 000 Ha y, según la Wildlife Conservation Society, albergan el 80% de los aprox. 2000 orangutanes salvajes que quedan en Sarawak. La forma más aventurera de observarlos es recorrer el Red Ape Trail, una exigente travesía de cinco días que conduce hasta varios campamentos situados en el curso alto del río Delok. Esta ruta fue desarrollada por el operador turístico Borneo Adventure, con sede en Kuching, que trabaja junto a las comunidades iban de Batang Ai desde 1987. Es una de las pocas agencias capaces de organizar expediciones al parque, ya que no existen embarcaciones públicas desde el embarcadero de Lubok Antu. Quienes no puedan –o no quieran– pasar una semana enfrentándose a la selva y a sus descomunales criaturas reptantes aún tienen la posibilidad de buscar orangutanes remontando el Delok en una embarcación tradicional y realizando pequeñas caminatas por distintos tramos del sendero. Aunque el avistamiento de orangutanes nunca está garantizado, la extraordinaria riqueza de flora, aves, reptiles e insectos hace que el esfuerzo de llegar hasta la zona siempre merezca la pena.
Una casa comunal Iban - Parque Nacional Batang Ai, Sarawak, Borneo. © Dreamer Company / Shutterstock
Dormir en la selva
El mejor lugar para alojarse es el Nanga Sumpa Lodge, construido por Borneo Adventure a orillas del río Delok, junto a la casa comunal del mismo nombre. Aquí no hay cobertura telefónica ni internet, así que el tiempo transcurre al ritmo del agua y del incesante concierto de los insectos. Los más intrépidos pueden remontar el río durante 2 h más hasta el rústico Lubok Kasai Lodge, en pleno territorio de los orangutanes, y pasar la noche a la luz de las velas antes de adentrarse en la selva al amanecer.
Las 20 familias iban que viven en la casa comunal de Nanga Sumpa ocupan viviendas contiguas que dan a un ruai, un cobertizo compartido que conecta todas las puertas y sirve como espacio común para trabajar y convivir. Los visitantes son siempre bienvenidos; conocer al jefe de la comunidad y brindar con varias rondas de tuak, el vino de arroz local, forma parte de la tradición.
Sentado en el suelo de madera junto al jefe de la comunidad, apuro vaso tras vaso de tuak mientras, a nuestro alrededor, las mujeres iban conversan y ríen mientras tejen cestas de ratán que luego venden a los visitantes para complementar sus ingresos. Gracias al turismo pueden seguir viviendo aquí, felices, en el confín del mundo.
No te vayas sin...
Compartir una comida tradicional iban y probar el ayam pansuh, un pollo cocinado en un tallo de bambú relleno de agua y cubierto con hojas de yuca.
Darse un refrescante baño en la cascada Enseluai, una piscina natural rodeada de selva virgen a la que solo se puede llegar en una embarcación tradicional.
Visitar la casa comunal de Nanga Sumpa por la tarde y volver a primera hora de la mañana para descubrir cómo cambia el ritmo de vida de la comunidad iban entre la jornada de trabajo y los momentos de descanso.