Maryland, EE UU

Escrito por
Julie F. King, Lonely Planet

14 Septiembre 2026
4 min de lectura
© Keri Delaney/Shutterstock
Vista desde el City Dock en un día de verano, Annapolis

Maryland es mi hogar de adopción, un lugar al que quiero por encima de toda medida y toda lógica. Me cautivan sus verdes colinas onduladas, la diversidad de sus paisajes costeros, su carácter genuino, su rica tradición marítima y, por supuesto, su extraordinaria oferta de marisco fresco. Sin duda, Maryland conquistará desde el primer momento y siempre hará que el viajero quiera volver.

━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

✩ Historia y naturaleza a orillas de la bahía de Chesapeake.

━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

Desde que llegué a Maryland hace casi 20 años para estudiar Medicina, me he convertido en una fiel seguidora de los Orioles y los Ravens, y me siento orgullosa de formar parte de la tierra que vio nacer el Ferrocarril Subterráneo (una red de rutas secretas y casas seguras establecida en el s. xix, utilizado por los afroamericanos esclavizados para escapar a estados libres de EE UU y de allí a Canadá) de Harriet Tubman, así como a figuras tan destacadas como Frederick Douglass, Tupac Shakur y Oprah Winfrey. Maryland es una potencia cultural, un destino gastronómico de primer orden y un auténtico paraíso para quienes disfrutan de la naturaleza.

Annapolis, donde comenzó una nación

Todo ello se aprecia con claridad en Annapolis, la primera capital de EE UU en tiempos de paz. Fue aquí donde John Adams y Benjamin Franklin firmaron el Tratado de París en 1783, poniendo fin a la Guerra de Independencia. Hoy es la capital del estado y sede de la prestigiosa Academia Naval. Merece la pena acercarse hasta la llamada “República de Eastport”, donde el Davis' Pub mantiene vivo el legado marítimo de la Annapolis del s. xix. Su fundador, George Washington Davis, un empresario afroamericano, transformó a comienzos del s. xx una antigua tienda de dulces en un bar para los pescadores negros del barrio.

Imagen eliminada.

Paseo marítimo de Ocean City. © Big Blink Creative / Shutterstock

Después vale la pena cruzar el Bay Bridge en dirección a la costa este y recorrer la Ruta 50, conocida como Ocean Gateway, para disfrutar del ambiente desenfadado que se respira en el paseo marítimo del pueblo de Ocean City, con sus patatas fritas y sus helados soft serve. O busca la tranquilidad del Assateague Island National Seashore, una isla barrera de 60 km de longitud donde campan a sus anchas caballos salvajes y aves limícolas. En el interior, en Sharpsburg, al oeste del estado, me gusta dar rienda suelta a mi pasión por la historia de la Guerra de Secesión visitando el Pry Barn, dentro del Antietam National Battlefield, que durante la contienda sirvió como puesto de mando del general unionista McClellan y, más tarde, como hospital de campaña provisional. Muy cerca se encuentra Frederick, otra localidad cargada de historia, que fue una de las paradas del Ferrocarril de Baltimore y Ohio, el tren más antiguo de EE UU, fundado en 1827. Siempre que puedo ceno en la Wye Oak Tavern, donde los hermanos Voltaggio rinden homenaje, a través de su cocina, al espíritu de encuentro que caracteriza a su ciudad natal.

Baltimore, una ciudad con carácter

Baltimore es el ejemplo perfecto de un lugar que hay que conocer para llegar a quererlo. Una popular pegatina para el coche lo resume a la perfección: “Baltimore: pues sí, resulta que me gusta”. Durante la temporada de béisbol, asistir a un partido de los Orioles en Camden Yards es imprescindible. No hay un mal asiento en todo el estadio, aunque mi lugar favorito es la sección 336 de la grada superior: desde allí se disfruta de una vista perfecta del terreno de juego, del histórico reloj del antiguo edificio Baltimore Sun en el horizonte y del emblemático almacén del Ferrocarril de Baltimore y Ohio.

Imagen eliminada.

Edificio del Aquarium desde el puerto. © Andrei Medvedev / Shutterstock

Luego, hay que dirigirse hacia el este atravesando el puerto interior, con el célebre National Aquarium dominando el frente marítimo, y continuar hasta las calles empedradas del histórico barrio de Fells Point. Es un placer descubrir el diseño de aire costero en la tienda de decoración Su Casa, dejarse sorprender por la exquisita selección de pasteles de Sacré Sucré y disfrutar de las ostras y otros moluscos locales en la Thames Street Oyster House. Pero, si solo hay tiempo de hacer una comida en Baltimore, que sea en Peter's Inn: lo suyo es sentarse a la barra y pedir el martini service, consistente en una copa de cóctel rebosante y con todos sus aderezos, y una segunda copa de refuerzo. ¡Y que nadie olvide probar su legendario pan de ajo! Con un poco de suerte, incluso se podrá charlar con los propietarios, Bud y Karin Tiffany, cuyo ingenio, cercanía y hospitalidad encarnan a la perfección el espíritu de Maryland. 

Porque, por encima de todo, el mayor tesoro del estado son sus habitantes, orgullosos de su tierra, amables en extremo y siempre dispuestos a recibir al visitante con los brazos abiertos.

No te vayas sin...

Probar la gran especialidad gastronómica de Baltimore, los 'crab cakes'; mis favoritos son los de Pappas, Faidley's y Koco's. 

Pasar una noche en uno de los grandes hoteles históricos de Maryland. El Inn at Perry Cabin, en St. Michaels, es sublime, y el Ivy Hotel, en Baltimore, es un auténtico remanso de lujo. 

Salir a navegar por la bahía de Chesapeake, embarcándose en un velero clásico, recorriendo alguno de los parques estatales en kayak, o disfrutando de una experiencia de pesca hook and cook (pescar y cocinar), en la que la propia captura se cocina al momento.

Tienda

Un recorrido por más de 200 libros de viaje para descubrir todos los países del mundo.