Asia propone experiencias que conectan grandes legados culturales con paisajes, sabores y formas de vida sorprendentes. Desde recorrer los museos de Abu Dabi y descubrir la arquitectura de Astaná hasta viajar en el histórico ferrocarril de Darjeeling, caminar por el sendero de Michinoku, adentrarse en Borneo en busca de orangutanes o saborear la diversidad gastronómica de Taiwán, cada aventura revela una faceta diferente del continente.
1. Visitar los museos de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos)
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El rascacielos Capital Gate en Abu Dabi. ©Konstantin Tcelikhin/Shutterstock
No tenía muy claro qué esperaba encontrar en Abu Dabi, más allá de rascacielos y emociones fuertes. Pero la impresionante arquitectura de las instituciones culturales de esta ciudad en constante evolución me dejó sin palabras. Contemplé con admiración los resplandecientes edificios concebidos por grandes maestros como Jean Nouvel, cuyo Louvre Abu Dabi es tan extraordinariamente bello que cuesta creer que sea real.
2. Subir a bordo del Ferrocarril Darjeeling del Himalaya (India)
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Tren del Ferrocarril del Himalaya de Darjeeling en la estación de tren de Darjeeling. ©beibaoke/Shutterstock
Puede parecer extraño que los viajeros que visitan la ciudad de montaña de Darjeeling, en el este de la India, hagan cola para subir a un tren que tarda 2 h en recorrer apenas 14 km. Pero es que en el Ferrocarril Darjeeling del Himalaya, conocido cariñosamente como el “Tren de Juguete”, el verdadero atractivo reside en el propio viaje.
3. Recorrer el Sendero Costero de Michinoku (Japón)
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Playa en Taro. A lo largo del sendero costero Michinoku. ©Solveig PLACIER/Getty Images/Pho
En el norte de Honshū, la isla principal de Japón, la hermosa e histórica región de Tōhoku suele quedar fuera del radar de los viajeros internacionales. Sin embargo, sus paisajes espectaculares, su rica cultura y la cálida hospitalidad de sus habitantes la convierten en un destino que merece tenerse en consideración. Siguiendo la costa del Pacífico por el Sendero Costero de Michinoku, mi travesía estuvo marcada por la belleza de la naturaleza y por la cordial bienvenida que recibí en cada etapa.
4. Dejarse sorprender por la arquitectura de Astaná (Kazajistán)
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Vista de los invernaderos con plantas tropicales en el Jardín Botánico de Astaná. ©YuTphotograph / Shutterstock
Alzándose sobre la estepa como un espejismo futurista de cristal y acero, la audaz y dinámica capital de Kazajistán es el legado del expresidente Nursultán Nazarbáyev y de su visión de futuro del país. Sus monumentales avenidas, enormes esferas cromadas y megaconstrucciones con forma de yurta y de pirámide reflejan la ambición de Astaná de convertirse en la ciudad tecnológicamente más avanzada de Asia Central.
5. Navegar en una embarcación tradicional hasta el territorio de los orangutanes (Malasia)
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Conjunto de coloridas embarcaciones tradicionales. ©Cneo Osman / Shutterstock
Los ríos han moldeado Borneo durante miles de años, igual que han marcado la vida de su fauna y de las comunidades indígenas, que han dependido de las vías fluviales para asentarse y sobrevivir en una selva tropical antaño impenetrable. Recorrer en una embarcación tradicional las aguas verde esmeralda del lago Batang Ai y descubrir en primera persona este mundo en los límites del Parque Nacional de Batang Ai constituye una experiencia de primer orden.
6. Seguir una ruta gastronómica en Taiwán
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Puerta de entrada del mercado nocturno de Tonghua, en Taipei. ©Eldrich Linugo / Shutterstock
Las 16 tribus indígenas, las sucesivas oleadas migratorias procedentes de China y los 50 años de dominio japonés han dado lugar a un extraordinario patrimonio gastronómico en Taiwán. A ello se le suman el pescado y el marisco frescos, así como un territorio capaz de producir desde tés de alta montaña hasta mangos madurados al sol. Y como la isla no es muy grande, con una maleta pequeña y un gran apetito se podrá llegar muy lejos en este pequeño estado insular.