Descubrir el paraíso insular más desconocido de África, Santo Tomé y Príncipe

Escrito por
Anthony Ham, Lonely Planet

16 Septiembre 2026
3 min de lectura
© Xinovap/Shutterstock
Vista aérea de un barco en la Isla de Príncipe

Santo Tomé y Príncipe es uno de los secretos mejor guardados de África. Sus dos islas principales están cubiertas de exuberantes bosques y bordeadas por bahías salpicadas de islotes y playas desiertas. Su identidad se ha ido forjando bajo el influjo de espectaculares formaciones geológicas, una arquitectura que rezuma herencia portuguesa y una gastronomía y una escena musical sencillamente excepcionales. Este pequeño país insular me conquistó desde el mismo instante en que llegué.

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✩ El placer de perderse entre selva y océano.

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Empecemos por lo esencial. Surgida abruptamente en medio del océano, Santo Tomé se encuentra 306 km al oeste de la costa de Gabón, mientras que Príncipe está a 396 km de Guinea Ecuatorial. Entre la isla principal de Santo Tomé y la más pequeña Príncipe se extienden casi 160 km de océano abierto. Unidas formando un mismo país, Santo Tomé y Príncipe (STP para los amigos) ofrece, sobre todo, el placer de la calma y la sencillez. Es uno de esos lugares donde paso los días recorriendo senderos entre la selva y playas de ensueño bajo el cálido sol tropical, y las noches disfrutando de pescado y marisco fresco antes de dormirme con el suave rumor de las olas rompiendo en la orilla. Al día siguiente, no me importa nada repetir el plan. Ya en mi primera visita comprendí que la vida aquí se parece mucho a como siempre he imaginado que debería vivirse.

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Vista del pico Cão Grande y el río Caué. © Xinovap / Shutterstock

Caminos hacia el corazón de la selva

Con apenas 48 km de norte a sur y 32 km de este a oeste, Santo Tomé concentra una sorprendente diversidad en un territorio reducido. En el sur se alza el espectacular pico Cão Grande, una aguja de roca volcánica de 663 m de altura que emerge por encima de la selva. Cuanto más se avanza por la isla, más formaciones similares aparecen, sobresaliendo entre la vegetación a modo de monumentos pertenecientes a una civilización perdida y petrificada. En algunos lugares, la selva, muy lentamente, va recuperando terreno a antiguas haciendas de las plantaciones portuguesas, vestigios de los duros años del dominio colonial.

Mi día perfecto en Santo Tomé comienza con una caminata por la selva desde la pequeña aldea de Santa Josefina. El sendero pasa junto a la punta rocosa del Cão Pequeno, de 271 m de altura, y continúa bordeando la costa de Rio do Portinho hasta llegar a la diminuta y deliciosamente aislada Praia de Santo António Mussacamú, una cala a la que no llega ninguna carretera.

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Playa Bom Bom en la Isla Príncipe. © Xinovap / Shutterstock

Playas que parecen irreales

En la pequeña isla de Príncipe, que apenas ocupa 142 km², la sensación de aislamiento acompaña a algunos de los paisajes más impresionantes del archipiélago. La Baía das Agulhas (bahía de las Agujas) hace honor a su nombre, con un bosque de agujas de granito que se elevan sobre el mar. Sigue siendo uno de los panoramas más bellos que he contemplado en toda una vida recorriendo África. El viajero puede sobrevolarlo en helicóptero, salir a avistar ballenas, nadar con tortugas marinas o practicar esnórquel en aguas de una transparencia excepcional. Y, hablando de transparencia –un tópico repetido mil y una veces en centenares de lugares, pero que, en este caso, se queda corto para describir la nitidez del mar de Príncipe–, las playas de la isla transmiten sin esforzarse lo más mínimo esa sensación de paraíso perdido. Entre todas ellas, hay dos que ocupan un lugar especial en mi memoria. Desde el primer instante en que se contempla la Praia Banana desde lo alto del acantilado, el paisaje queda dominado por el intenso verde de la selva, el dorado de la arena y el azul cobalto del cielo y del océano. No es extraño que la conocida firma de ron Bacardi rodara aquí su célebre anuncio hace ya muchos años: sigue siendo una referencia cuando se piensa en el paraíso tropical perfecto. Pero los creativos de la campaña podrían haber elegido igualmente la Praia Boi, mi favorita. Otra magnífica playa de arena blanca a la que solo se puede llegar caminando por un sendero que atraviesa la selva, acompañado durante todo el recorrido por el alegre canto de los pájaros.

No te vayas sin...

Degustar pescado y marisco fresco y platos de influencia portuguesa en los sencillos puestos junto a la carretera y en los restaurantes. En la costa norte de Santo Tomé, el Ecolodge Mucumbli y el restaurante Celvas son dos opciones especialmente recomendables. 

Recorrer un sendero por la selva entre espectaculares formaciones rocosas de aspecto casi irreal, hasta la poco conocida Praia de Santo António Mussacamú. 

Avistar ballenas y sobrevolar en helicóptero la Baía das Agulhas en la isla de Príncipe.