La frenética capital de Argentina es una ciudad vibrante y apasionada donde, cada día, parejas y desconocidos se unen en un abrazo para bailar tango. Contemplar este célebre baile en su ciudad natal, Buenos Aires, es una experiencia fascinante, pero atreverse a bailarlo es aún más emocionante. Es hora de olvidar los espectáculos para turistas y lanzarse a la pista junto a los porteños.
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✩ Mucho más que un baile, una forma de vivir la ciudad.
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El universo de las milongas
No hay nada comparable a bailar un tango en Buenos Aires. A medida que uno se mueve al compás de la música, surge una intensa sensación de conexión, de experiencia compartida, con la pareja de baile. Es fácil intuir el siguiente movimiento del otro a través del contacto mientras se bailan entre las demás parejas. La ciudad ofrece una agenda repleta de milongas (encuentros de tango y otros bailes), que se celebran en distintos lugares según el día de la semana. Cada una tiene su propia personalidad: desde los salones más tradicionales, que organizan milongas por la tarde, hasta encuentros más informales y eventos de tango queer, donde personas de cualquier género bailan con quien desean.
En Palermo, La Viruta es un clásico que reúne tanto a principiantes como a bailarines experimentados. La velada suele comenzar con una clase y, por lo general, incluye actuaciones de orquestas de tango. La Glorieta es una milonga al aire libre que se celebra en un bonito quiosco de música del barrio de Belgrano; es difícil encontrar un lugar más romántico para una cita. Pero mi milonga favorita es La Catedral, un espacio rústico y tenuemente iluminado, con aspecto de antiguo hangar, situado en Almagro. Sus muebles desparejados y el enorme corazón que preside la barra le dan un encanto muy especial. La música en directo es excelente, el ambiente bohemio es inconfundible y, de vez en cuando, algún gato cruza tranquilamente la pista de baile.
Tango La Boca, Buenos Aires. © Altrendo Images / Shutterstock
El lenguaje secreto del tango
Me llevó un tiempo acostumbrarme a las normas no escritas del tango en las milongas argentinas. Quien guía el baile debe tener la destreza suficiente para no chocar con las demás parejas. Entre tango y tango, la gente permanece sentada alrededor de la pista, tomando algo y esperando con atención el cabeceo, esa leve inclinación de cabeza acompañada de una mirada sostenida que sirve como invitación a bailar. Eso sí, este lenguaje silencioso también puede dar lugar a situaciones embarazosas: una vez me levanté de un salto, convencida de que me estaban invitando a bailar, hasta que me di cuenta de que el gesto iba dirigido a la mujer sentada detrás mío.
Bailando un tango en la Plaza Dorrego en el barrio histórico de San Telmo, Buenos Aires. © T photography / Shutterstock
El latido más auténtico de Buenos Aires
Para descubrir los orígenes del tango, lo mejor es acercarse a una milonga en San Telmo. Fue aquí, junto con el vecino barrio portuario de La Boca, donde el tango comenzó a tomar forma en Argentina a finales del s. xix, al mismo tiempo que hacía su aparición en Uruguay. En aquella época, las antiguas mansiones de la élite porteña se habían convertido en viviendas colectivas donde convivían inmigrantes europeos sin recursos y personas de ascendencia sudamericana y africana. Cuando hoy paseo por sus evocadoras calles empedradas, me gusta imaginar a los músicos reunidos en los patios compartidos de aquellas casas durante las cálidas noches de verano, mezclando los instrumentos de sus lugares de origen con los ritmos del candombe africano para dar vida a un nuevo género musical: el tango. Hoy, los bailarines actúan a cambio de propinas en la plaza Dorrego durante el mercado dominical de San Telmo.
Pero en Buenos Aires no hace falta buscar demasiado para toparse con el tango. Cuando vivía en la avenida Boedo, un sábado por la tarde abrí la puerta de casa y descubrí que habían montado un escenario en plena calle y que la Orquesta del Tango de Buenos Aires se preparaba para actuar. Mientras sonaba la música, una pareja del barrio comenzó a bailar sobre la acera. Al contemplarlos, tuve la sensación de que toda la esencia de la ciudad se expresaba a través de sus movimientos.
No te vayas sin...
Visitar el Museo Casa Carlos Gardel, ubicado en la antigua residencia del legendario cantante de tango, donde se pueden escuchar sus melancólicas letras, a menudo impregnadas de nostalgia por la tierra que dejó atrás.
Buscar unos zapatos de tango en Comme Il Faut, una exquisita tienda del barrio de Recoleta especializada en calzado femenino de baile, diseñado y fabricado en Buenos Aires.
Escuchar una orquesta típica, la formación tradicional del tango, integrada normalmente por varios músicos entre los que no suele faltar un bandoneón (un tipo de acordeón).