La ruta del Brenta

La ruta del Brenta, Dolomitas, Italia

Los Dolomitas de Brenta están aislados del resto de grupos montañosos y constituyen un universo propio en el que conviven arte, historia, placeres y frugalidad. Diez días en esta zona resultarán tan intensos que parecerán un mes.

Trento es un punto de partida algo apartado para visitar los Dolomitas de Brenta, pero vale la pena pasar dos noches en la ciudad planificando el viaje, para descubrir sus encantos. Aquí se podrá comprar el equipo que falte y los planos topográficos, pero también se puede visitar el MUSE, un filón de información sobre los Dolomitas. Ya en marcha hacia el norte se llega a San Michele all’Adige, con un importante museo etnográfico. Aquí empieza la ascensión a la montaña, siguiendo bonitos caminos hacia el Val di Non, salpicado de castillos que destacan entre los campos de manzanos. Castel Thun es uno de los más bellos de toda la provincia, y un mirador privilegiado para admirar los Dolomitas. Se puede pernoctar en Cles: un buen plato de gnocchi di patate crude servirá para reponer fuerzas y emprender la excursión al lago de Tovel al día siguiente, en el centro del grupo montañoso. Llega el momento de dirigirse a la vertiente occidental del macizo de Brenta: atravesando el Val Meledrio se asciende hasta Passo Campo Carlo Magno, puerta de acceso al Val Rendena, donde se encuentran Madonna di Campiglio, Pinzolo y Sant’Antonio di Mavignola, todos ellos excelentes bases de operaciones para practicar actividades de montaña. Se puede visitar el Museo della Malga di Caderzone o las iglesias pintadas por los Baschenis. O abandonar la civilización y ascender la montaña, aprovechando los refugios Graffer, Tuckett, Alimonta y 12 Apostoli, siguiendo algunas de las pistas de montaña y vías ferratas más bonitas del mundo, admirando paisajes casi irreales y subiéndose a los riscos entre las marmotas y rebecos.

La ferrata Sosat es el mejor bautismo para un neófito, variada pero no demasiado difícil, y es preciosa, así que también atrae a expertos. De regreso, rodeando el macizo de Brenta en sentido contrario a las agujas del reloj, no hay que dejar de probar la ciuiga del Banale en San Lorenzo Dorsino, visitar el castillo de Stenico y, si hace calor, darse un baño en el lago de Molveno, uno de los más bellos de Italia.

 

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