Arte, naturaleza e historia a los pies de las Tre Cime

Arte, naturaleza e historia a los pies de las Tre Cime, Dolomitas, Italia

Se sale de Belluno y se llega a Cadore tras una ruta circular que lleva desde el extremo sur de estas montañas a las cimas más septentrionales de los Dolomitas, entre iglesias, museos y naturaleza en estado puro.

Lo que hace extraordinarios a los Dolomitas, aparte de su geomorfología única, son sus infinitas caras: a lo largo de esta ruta, de sur a norte (y regreso) se disputan el protagonismo la historia, el arte y la naturaleza. Se sale desde Belluno, rica en iglesias y museos apasionantes, siguiendo el curso del Piave, que atraviesa el Val Belluna, y luego hay que decidir si parar en el valle del Mis o proseguir hacia la elegante Feltre. Si se está en forma se puede ascender hasta el Passo Croce d’Aune y de allí a la Busa delle Vette Grandi, espectacular cuenca glacial cubierta de prados; otra opción es cruzar el Primiero, límite entre el Véneto y el Trentino. San Martino di Castrozza ofrece entretenimiento de invierno, con sus pistas de esquí, pero también de verano, con los senderos que se adentran en el bosque de Paneveggio. Rodeando el recortado perfil de las Pale di San Martino se llega a Alleghe, campamento base para explorar a fondo el Agordino, al este, y el grupo del Pelmo y de la Croda da Lago, al oeste, donde hay numerosas huellas de dinosaurio fosilizadas. Desde aquí se llega a la resplandeciente Cortina d’Ampezzo, situada en el centro de una increíble corona de picos. Atravesando los del norte y pasando junto al lago de Dobbiaco, se arriba a la verde y plácida Val Pusteria, que lleva al pintoresco lago de Braies y a las Tre Cime di Lavaredo, espléndido icono de los Dolomitas. Se puede pernoctar quizá en San Candido, con su iglesia milenaria, o en Dobbiaco, donde encontró la inspiración Gustav Mahler. Llegados a este punto habrá que tomar una decisión dolorosa: dirigirse hacia Brunico, de límpida belleza; o iniciar el descenso hacia la llanura pasando por la Val Badia, donde se pueden hacer espléndidas excursiones por el Parco di Fanes; o ir hacia Comelico, puerta de entrada a Cadore, para pasear sin rumbo fijo entre pequeñas iglesias y museos, a la sombra del Antelao y de las Marmarole, recordando los estupendos días pasados en la montaña.

 

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