Del Atlántico al Mediterráneo

Del Atlántico al Mediterráneo

Nada más desembarcar en Calais el viajero quedará prendado con los 40 km de acantilados, dunas de arena y ventosas playas de la espectacular Côte d’Opale. Ya mismo se pone rumbo al suroeste, con altos para almorzar pescado en Dieppe, visitar la sensacional catedral de Ruan o regalarse un pintoresco pícnic al borde de un acantilado en Étretat, de camino al lugar de pernoctación, a elegir entre los bonitos centros costeros normandos de Honfleur, Deauville o Trouville. Se dedican dos días a la zona; es obligado pasar en barco bajo el imponente Pont de Normandie, comprar pescado en la Poissonnerie del puerto de Trouville, y solazarse con los parisinos en el sofisticado paseo marítimo de Deauville, lleno de famosos.

Las Playas del Desembarco ocupan el tercer día. Se empieza por el Mémorial-Un Musée pour la Paix (el mejor museo sobre la batalla de Normandía; en Caen), antes de dirigirse al oeste por el litoral salpicado de playas para ver depósitos de municiones en la playa de Arromanches-les-Bains, baterías de artillería en Longues-sur-Mer y los hoy serenos 7 km de arena de la “sangrienta Omaha Beach”. Al atardecer, se recuperan los sentidos con unas vieiras frescas y un calvados (aguardiente de sidra). Si se está más interesado en el arte, se puede prescindir de las playas y admirar la soberbia representación de la batalla de Hastings del s. xi plasmada en los 70 m del tapiz de Bayeux.

El cuarto día aguarda el emblemático Mont St-Michel, inmejorable si se accede descalzo por la arena. La semana termina en Bretaña, en una caseta de playa a la antigua en Dinard y de paseo por los espectaculares cabos próximos a Camaret-sur-Mer.

La segunda semana arranca con un largo trayecto por carretera al sur hasta La Rochelle, una exclusiva parada en la que reina el marisco. Se hace noche aquí y se continúa en plan gourmet por la región vinícola de Médoc, al sur, de camino a Burdeos. Al día siguiente, se hace un alto en la “ciudad rosa” de Toulouse (seccionada por el canal du Midi) y/o en Carcasona antes de recalar en el Mediterráneo. Los humedales de la Camarga, poblados por flamencos, caballos y una increíble vida aviar, ocupan un tramo de costa sin parangón, algo que también sedujo a Vincent Van Gogh, cuya pista puede seguirse en Arles antes de llegar a la fascinante Marsella.

 

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